Menores: cuentas, edad y supervisión

Menores y cuentas de IA se resuelven con tres piezas, no con un “es educativo”. Edad la marca el producto. Cuenta es de un adulto cuando hay duda, no un login mentiroso. Supervisión es estar en la misma tarea, no dejar el móvil en la habitación. Los deberes no se delegan a un modelo a escondidas. El chat no es un amigo. Los datos del menor —nombres, fotos, centro, notas, informes— no se pegan. Nunca.

Esta página es higiene de uso en casa y en el estudio. No es un dictamen sobre patria potestad. No inventa la edad exacta de cada marca como si fuera ley. El producto pone un mínimo; si dudas, no hay cuenta. La lista general de lo que no viaja está en privacidad al usar IA: qué no pegar nunca.

Edad mínima de un chatbot: el producto pone el suelo

Edad mínima de un chatbot no es un número que esta página pueda grabar en piedra. Las condiciones cambian. Un servicio habla de trece años, otro de dieciocho, otro de uso con un adulto. ChatGPT menores de 13 o 18 es la búsqueda habitual; la respuesta útil no es “son trece, punto”. Es: abre las condiciones en la web oficial del producto que vas a usar, hoy, y cumple eso.

Pasos, antes de crear nada:

  1. URL oficial. No el anuncio. No el clon. No el grupo de WhatsApp con un enlace raro.
  2. Edad y cuenta. Lee la línea de edad, de consentimiento y de si hace falta un adulto. Si no la encuentras, no improvises: no crees la cuenta al menor.
  3. Si el menor no llega al mínimo, no hay cuenta a su nombre. No se “pone otra fecha”. Eso es mentir al servicio y dejar al menor sin las reglas que el producto dice tener.
  4. Si dudas entre 13 y 18, aplica la más alta a efectos prácticos: no hay cuenta del menor. El adulto puede, si el producto lo permite y tú lo supervisas, usar su cuenta para una tarea concreta, no como niñera.
  5. Revisa de vez en cuando. Lo que valía el año pasado puede no valer. No copies la cifra de un vídeo.

Esta página no te autoriza a saltarte las condiciones. Tampoco sustituye la norma del centro escolar ni las reglas de casa.

Crear una cuenta “para deberes” con un correo del menor cuando el producto no lo admite no es un atajo educativo. Es el mismo tipo de truco que luego no controlas: recuperación de clave, historial, mensajes que tú no ves.

Cuenta de adulto, no un login prestado a ciegas

Una sesión, una persona. El plan familiar o el Plus compartido no convierte el historial en un cuaderno de dos columnas.

Qué va mal:

  • El menor usa tu cuenta a solas. Ve lo que tú preguntaste (salud, trabajo, dinero). Tú no ves lo que pregunta él cuando sales.
  • Creas una cuenta con su nombre y tu tarjeta, “porque así tengo el control”, y nunca entras. Control cero.
  • Dejas la sesión abierta en el tablet del salón. Cualquier hermano menor pulsa “arriba”.

Qué hacer:

  1. Cuenta tuya si el uso es puntual y el producto admite que un adulto opere. El menor no se queda a solas con la sesión.
  2. No compartas la contraseña como si fuera el Wi‑Fi. Quien tiene la clave tiene el historial.
  3. Cierra sesión en aparatos compartidos. El historial visible es el documento.
  4. Notificaciones del móvil: el primer renglón puede ser un nombre o una nota. En el metro, detrás de ti. Desactiva previsualización o, mejor, no pongas datos del menor en el chat.
  5. Si el producto ofrece un espacio o un plan pensado para familias, léelo. No asumas que “familiar” significa que un niño de primaria ya tiene chat libre. Configuración familiar es un menú, no una autorización automática.

El menor no debe tener un chatbot de consumo como diario con nombre real. Tampoco como rincón donde pega el conflicto del patio con apellidos.

Supervisar un uso de IA (en la misma mesa)

Supervisar un uso de IA no es instalar un discurso. Es estar. Misma mesa, misma pantalla, misma tarea, y un criterio para parar.

Cómo se ve, en pasos, una sesión corta —el mismo espíritu que cómo usar un chatbot de IA por primera vez, con un adulto encima:

  1. Una tarea. Un enunciado, un esquema, una lista. No “háblame”.
  2. Un texto que se puede comprobar. El tema de clase, no la vida de un compañero.
  3. El menor lee la respuesta en voz alta o la compara con el libro. Si inventa un dato, se dice. El tono seguro no es una prueba.
  4. Quince minutos pueden bastar. Luego se cierra. El chat no es la tarde entera.
  5. Paráis si la pregunta se va a salud de alguien, a un compañero concreto, a un secreto de casa, a “cómo saltarme la norma del cole”.

Qué no es supervisión: dejar el teléfono, irte, y preguntar luego “¿qué tal”. Eso es un menor a solas con un chat.

Riesgos de un menor a solas con un chat, los de un martes, no de un keynote:

  • Pega nombres de compañeros, del centro, del informe.
  • Se cree la respuesta y la copia al trabajo.
  • Trata al modelo como quien le escucha siempre y acierta siempre.
  • Sigue un enlace o un consejo que no puedes contrastar.
  • Usa una web que parece el producto y no lo es.

No hace falta una lista de horrores. Con no estar ya basta para que el uso se desvíe. Estar no garantiza el acierto del modelo. Garantiza que hay un adulto cuando hay que parar.

Si el menor está enfermo o hay una duda de salud: no pegas síntomas ni fotos al chat. No es una consulta. El límite está en consejo médico: el límite claro. Citas, teléfono del centro de salud, urgencias si toca. No esta ventana. Esta página no da un triage.

Deberes y un modelo de lenguaje: el trabajo lo hace el alumno

Deberes y un modelo de lenguaje: el colegio manda. Si el centro prohíbe la IA en esa tarea, no se usa. Si pide declarar el uso, se declara. El chat no es un truco para que “no se note”.

Regla de casa que se puede decir en una frase: el menor hace el trabajo. El modelo, si entra, entra con un adulto y para entender, no para entregar.

Qué sí, con supervisión y si la norma del centro lo permite:

  • Explicar un enunciado en otras palabras, sin resolver el ejercicio entero.
  • Hacer tres preguntas de comprensión sobre su texto, que él responde.
  • Formato: “pásame estas ideas mías a una lista”, ideas que él ha escrito antes.

Qué no:

  • “Hazme la redacción y que parezca de un niño de 12 años.”
  • Pegar el examen o el cuestionario completo para que lo conteste.
  • Entregar el párrafo del chat con el nombre del alumno encima.
  • Usarlo a escondidas “un momento” en el cuarto.

Ejemplo trabajado.

Mal. El menor, solo, fotografía el cuaderno de problemas y pega: “Dame las soluciones.” Copia. Al día siguiente no sabe explicar el paso dos. Además ha subido la letra del colegio, a veces con el nombre en la cabecera.

Bien. El adulto está. El menor ha intentado el problema. Se atasca en un término. Mensaje, dictado por él: “Explica qué significa [término] en un problema de este tipo, sin darme el resultado del ejercicio, en cinco líneas.” Luego él vuelve al cuaderno. Si el modelo se pone a resolver, se corta: “No resuelvas. Solo el término.”

La diferencia no es el software. Es quién piensa y quién entrega. Copiar no deja de ser copiar porque el texto salga de un chat.

Trabajos con datos de otros alumnos (entrevistas, fotos del grupo, el WhatsApp de la clase): no se pegan. El compañero no ha pedido estar en ese servidor.

Informes del colegio, nombres y fotos: cero

Datos de menores en un chatbot de consumo: cero. No es un matiz de “anonimiza un poco”.

No pegas:

  • Boletines, notas, actas, informes de orientación, de convivencia, de pedagogía.
  • Listas de clase, fotos de la excursión, el grupo de padres con nombres.
  • El DNI del menor, el número de expediente escolar, la dirección del centro junto al nombre.
  • Chats donde se discute un conflicto entre familias con apellidos.

Mal: “Te pego el informe de la tutora y el de la orientadora, dime qué le pasa y qué debo pedir.” Eso es expediente de un menor más un juicio que el chat no puede dar como profesional.

Bien, si hay que escribir un mensaje neutro a tutoría: hechos en abstracto, sin nombres. “Hay un conflicto de calendario. Tres hechos. Mensaje de cinco líneas, sin adjetivos, sin diagnosticar.” Los informes originales no viajan.

Fotos: la cara de un menor no entra “para que el modelo vea el mural” ni para un trabajo. Tampoco un selfie con el uniforme y el nombre del centro en el jersey.

Si eres docente: política del centro primero. El chatbot personal no es tu nube pedagógica. Expedientes de alumnos, fuera.

El chat no es un amigo

El modelo habla en segunda persona, recuerda el hilo y usa tu nombre si se lo das. Sigue siendo un programa. No le conoce. No le importa. No sustituye a un adulto, a un amigo o a un profesional.

Eso, con más detalle, está en antropomorfismo: no es tu amigo. Aquí, lo que importa con un menor:

  1. Dilo en claro. “No es una persona. No sabe quién eres de verdad. Puede inventar.”
  2. No le pongas nombre de mascota ni “es tu amigo del cole” para que lo use más. El apego no mejora las respuestas. Empeora el criterio.
  3. Si el menor se desahoga con el chat sobre un problema de casa o del patio, paras la sesión y hablas tú. El modelo no es el interlocutor de ese tema. No pegas el relato con nombres para “que le aconseje”.
  4. Tuteo o no da igual: el riesgo no es la gramática. Es tomarse el tono cálido como prueba.

Configuración familiar (controles, límites de tiempo, qué apps están en el tablet) ayuda. No sustituye la frase de que es un programa. Un menú no educa el criterio. Tú sí.

Errores habituales: para aquí

Para aquí:

  1. “En el vídeo decía trece años.” Abre las condiciones del producto. Si dudas, no hay cuenta.
  2. “Usa la mía, así lo controlo.” Sin estar, no controlas. Con historial mezclado, peor.
  3. “Es para deberes, no pasa nada.” El trabajo lo hace el alumno. El centro manda. A escondidas, no.
  4. “Le pego el boletín para entenderlo.” Datos de un menor. Fuera.
  5. “Le habla bien, le ayuda con todo.” Le habla como si. No es un amigo. No es un tutor colegiado.
  6. “En el cuarto con el móvil, es más tranquilo.” Eso es un menor a solas con un chat.
  7. “Le he dicho que no ponga nombres.” Los pone. Por eso estás en la mesa.
  8. “Si tiene una duda de salud, que pregunte al chat.” No. Adulto, centro sanitario. No el modelo.

Ninguno de estos errores se arregla con un prompt de “sé un profesor responsable”. El recinto es la cuenta, la edad, la mesa y lo que no se pega.

Qué hacer hoy

  1. Lee la edad mínima en el producto real. Si el menor no llega o dudas, no creas su cuenta.
  2. Si hay un uso, tú presente, una tarea, poco tiempo, texto comprobable.
  3. Deberes: el menor escribe y piensa. El chat, si acaso, aclara un término. No entrega por él.
  4. Cero informes, notas con nombre, fotos, conflictos con apellidos.
  5. Recuerda en voz alta: no es un amigo. Se cierra la pestaña.

Menores y cuentas de IA no piden una teoría. Piden un suelo de edad que no inventas, una cuenta que no mentimos, un adulto en la mesa y un deber que no se subcontrata al modelo. El chatbot seguirá siendo rápido con un enunciado limpio y una sesión corta. Lo otro es dejar a un menor a solas con un programa que habla como persona y llamar a eso “que estudie”.

Preguntas frecuentes

¿A partir de qué edad puede un menor tener cuenta en ChatGPT?

La que fije el producto en sus condiciones, y puede cambiar. Unos hablan de 13, otros de 18 o de consentimiento de un adulto. No tomes una cifra de un artículo como evangelio. Ábrela en la web oficial. Si dudas, no hay cuenta del menor.

¿Puedo dejar al niño con mi cuenta de adulto ‘un rato’?

Mala idea. Mezclas historiales, permisos y responsabilidad. El menor puede ver lo que tú pegaste. Tú no ves lo que él pregunta si te levantas. Una sesión, una persona. Si el producto no admite esa edad, no se esquiva con tu login.

¿Puede usar el chat para hacer los deberes?

El trabajo lo hace el alumno. Un modelo puede, con un adulto, ayudar a entender un enunciado o a practicar, no a entregar el texto generado como si fuera suyo. A escondidas, no. La norma del centro manda. Copiar no deja de ser copiar porque salga de un chat.

¿Puedo pegar el boletín o el informe de orientación para que me lo expliquen?

No. Nombres, centro, notas, informes: cero. Datos de menores no entran en un chatbot de consumo. Si hay que hablar con tutoría, se habla con tutoría. Recorta a hechos abstractos solo si hace falta un mensaje neutro, sin nombres.

¿Es peligroso que el chat le hable como si fuera un amigo?

El riesgo es el apego y la confianza de más, no una escena de película. El modelo no es una persona, no le conoce y no sustituye a un adulto. Habla claro con el menor: es un programa. El detalle está en el artículo de antropomorfismo.